Plataforma 2015 y más
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Los Objetivos de Desarrollo del Milenio en 2008: nuevas amenazas para su cumplimiento.

Autores:
Barge, Andrés (Autor/a) Callejón, Mª Eugenia (Autor/a) Córdoba, Ignacio de (Autor/a) Fernández Puente, Adolfo Cosme (Autor/a) Gil, Luisa (Autor/a) Gimeno, Juan A. (Autor/a) Martínez, Juan (Autor/a)

Autores corporativos:
Economistas sin Fronteras (autoría) Plataforma 2015 y más (canal; responsable)

2008

Revisión de la situación de los Objetivos del Milenio en el año 2007.:



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01* Introducción

El presente informe tiene como finalidad analizar el grado de consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio fijados por la ONU en el año 2000, superado ya el ecuador del plazo establecido para su cumplimiento, y cuya fecha límite está fijada para el 2015. Este análisis adquiere mayor importancia en la actualidad, dado que la coyuntura económica ha experimentado un importante deterioro en un lapso de tiempo muy corto, tanto por la crisis alimentaria como por los problemas financieros y económicos mundiales, que relegan la atención a los ODM a un segundo plano en los intereses y prioridades de los países del Norte. En esta coyuntura, verificar el cumplimiento de los ODM y contemplar posibles vías que impidan su devaluación de cara a 2015 se hace más necesario que nunca. Desde la Plataforma 2015 y más exigimos no sólo que se cumplan los compromisos asumidos por los países del Norte durante los últimos años, sino que también se intensifiquen en los próximos años los esfuerzos para lograr en 2015 los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

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02* Objetivo 1: erradicar la pobreza extrema y el hambre

Meta 1A: Reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, el porcentaje de personas cuyos ingresos sean inferiores a 1 dólar por día. Meta 1B: Lograr empleo pleno y productivo, y trabajo decente para todos, incluyendo mujeres y jóvenes. Meta 1C: Reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, la proporción de personas que padecen hambre.
La pobreza extrema sigue siendo una realidad cotidiana para más de 1.400 millones de seres humanos, uno de cada cuatro, según las últimas estimaciones del Banco Mundial, que establecen una nueva línea de pobreza de 1,25 dólares al día. Estos datos aún no reflejan los efectos del reciente aumento del precio de los alimentos y los combustibles. Según la FAO, la cifra de personas hambrientas aumentó ya por esa causa en 50 millones durante 2007, y continuará en aumento. Pero además, aun en el caso de que se cumpliera la primera de las metas del ODM 1 y se consiguiera reducir a la mitad el número de personas viviendo en la pobreza, en 2015 seguirían existiendo más de 1.000 millones de pobres. Por otro lado, como reconoce la ONU, los avances "no se distribuyen de manera equitativa, ya que el descenso de la pobreza global se debe fundamentalmente al rápido crecimiento económico en Asia". Fuera de esa región el progreso ha sido más lento y en ciertas zonas del mundo, como África subsahariana, no se conseguirá alcanzar la meta. De hecho, de continuar la tendencia actual, en 2015 un tercio de los pobres de todo el mundo vivirá en África. Para conseguir el objetivo de lograr reducir a la mitad en 2015 los niveles de pobreza de 1990, la mayoría de los países de Asia meridional y África subsahariana tendrían que reducir sus tasas de pobreza a ritmos sin precedentes (véase el gráfico 1).
Mientras en nuestro mundo "desarrollado" vivimos en la era de las nuevas tecnologías, del consumo superfluo y suntuario, de las inversiones bélicas desproporcionadas, del acceso a Internet y los móviles de tercera generación, en muchos lugares del mundo no se ha superado aún la Edad Media: las desigualdades entre las personas de ambos mundos son sangrantes. Pero incluso dentro de los países en desarrollo, las desigualdades no sólo persisten, sino que se están ampliando. Según el indicador correspondiente (participación en el consumo nacional de la quinta parte más pobre de la población), la meta de 2015 está lejos de cumplirse. Si bien la pobreza global disminuye, las desigualdades dentro de los países no sólo permanecen, sino que incluso tienden a incrementarse en la gran mayoría de las regiones. En 2007 la ONU procedió a una revisión del marco de seguimiento de los ODM, incorporando cuatro nuevas metas, una de ellas en este primer objetivo, la referida al pleno empleo productivo y al trabajo decente para todos, con especial referencia a mujeres y jóvenes. Tanto en la evolución desde los años noventa como en la situación más reciente del desempleo en 2007, en determinadas regiones y para sectores específicos de la población no se presenta una perspectiva positiva. Es el caso del empleo en los países más pobres, donde gran parte de la población ─incluidos los niños─ tiene que trabajar para subsistir. En esos países, el trabajo está lejos de ser una salida de la situación de pobreza. Casi 1.500 millones de trabajadores en todo el mundo se encuentran en condiciones vulnerables (en África subsahariana tres de cada cuatro personas que trabajan son "trabajadores pobres"). Por otra parte, en África septentrional y Asia occidental la proporción de mujeres trabajadoras no llega al 25% y el desempleo de los jóvenes es particularmente preocupante en estas regiones. El desarrollo y la implementación de estrategias eficaces en la creación de trabajo decente y productivo, en especial para jóvenes y mujeres, no se está produciendo. Teniendo en cuenta que el 89% de la población joven del mundo vive en países en desarrollo, es prioritario establecer políticas innovadoras en la creación de empleo decente para los jóvenes. De las personas que actualmente se encuentran en la extrema pobreza, un elevado porcentaje padece malnutrición. En concreto, se considera que aproximadamente la cuarta parte de la totalidad de los niños de países en desarrollo menores de 5 años sufren de subnutrición, lo que no sólo retarda su desarrollo físico y mental, sino que incluso pone en peligro su supervivencia. No obstante, la mayoría de las regiones (a excepción de África subsahariana) parece ir en la buena dirección para lograr el objetivo en 2015.

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03* Objetivo 2: lograr la enseñanza primaria universal

Meta 2A: Asegurar que, para el año 2015, los niños y niñas de todo el mundo puedan terminar un ciclo completo de enseñanza primaria.
A día de hoy, según la UNESCO, nos encontramos con el siguiente panorama:
  • 115 millones de niños y niñas en edad escolar no asisten a la escuela. El 56% son niñas. El 94% son habitantes de países en desarrollo.
  • 133 millones de jóvenes no saben leer ni escribir.
  • Sólo 37 de los 155 países en desarrollo alcanzaron la enseñanza escolar universal de ciclo completo.
Estos datos son el reflejo de un mundo que no ha ordenado adecuadamente las prioridades. Es difícil entender que, existiendo en la actualidad los recursos financieros y los conocimientos prácticos necesarios, no se ponga fin al analfabetismo, origen básico de la pobreza. Es cierto que se están adoptando algunas medidas en la buena dirección: existe el deseo de solventar esta situación, con fines y metodologías de trabajo definidos, como la iniciativa "Educación para Todos". La casi totalidad de los países menos favorecidos se han implicado sustancialmente en este camino hacia la universalización de la enseñanza primaria, mediante la adopción de políticas públicas destinadas a facilitar el acceso a la educación. Uno de los pasos más decisivos dados hasta el momento ha sido la supresión del pago de los derechos de escolaridad. Pero si bien es cierto que la matriculación en centros de primaria ha aumentado en general en la mayoría de países, el absentismo y la deserción escolar siguen explicando buena parte de la situación actual de analfabetismo, particularmente en las zonas rurales. Además, el incremento en la escolarización ha supuesto, en muchos casos, una dramática disminución de la calidad de la enseñanza. Por otro lado, los sistemas educativos deben prever la ampliación de los programas de alfabetización de jóvenes y adultos. Desgraciadamente, las minorías siguen sufriendo una desatención generalizada y para ellas el avance es casi nulo. Tal suele ser la situación de los menores de etnias minoritarias, de los discapacitados o de los niños refugiados, muy frecuentemente en situaciones de exclusión del sistema educativo. Las niñas han sido también víctimas tradicionales de situaciones de marginación. Por regiones, nos encontramos con que la matriculación escolar de las niñas en la escuela primaria y secundaria se ha equiparado en América Latina y el Caribe y ha aumentado significativamente en Oriente medio y norte de África y en la mayoría de los países asiáticos. Sin embargo, en África subsahariana, a pesar de los enormes esfuerzos realizados por la mayoría de los países para avanzar hacia las metas establecidas en la Declaración Mundial sobre la Educación para Todos, se siguen sin lograr los resultados esperados.

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04* Objetivo 3: promover la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer

Meta 3A: Eliminar las desigualdades entre los sexos en la enseñanza primaria y secundaria, preferiblemente para el año 2005, y en todos los niveles de la enseñanza para el año 2015.
La igualdad entre los géneros es un derecho humano y es esencial para la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Se trata de un requisito indispensable para superar el hambre, la pobreza y las enfermedades. Igualdad entre los géneros implica igualdad para acceder a todos los niveles de la educación y a todos los ámbitos de trabajo, el control equitativo de los recursos y una representación igual en la vida pública y política. Sin embargo, la situación a día de hoy es la siguiente:
  • De los 113 países que aún no han alcanzado la paridad de género en la matrícula de enseñanza primaria y secundaria, sólo 18 tienen alguna probabilidad de alcanzarla en el año 2015. Además, las disparidades de género tienden a aumentar en los niveles más altos de educación.
  • Las mujeres ocupan una menor proporción de trabajos remunerados. Casi dos tercios de las mujeres empleadas en los países en desarrollo están en trabajos vulnerables por cuenta propia o en un negocio familiar
  • En un tercio de los países en desarrollo, las mujeres representan menos del 10% de los parlamentarios, quedando excluidas en la adopción de decisiones en los niveles más altos.

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05* Objetivo 4: reducir la mortalidad de niños menores de 5 años

Meta 4A: Reducir en dos terceras partes, entre 1990 y 2015, la tasa mortalidad de los niños menores de 5 años.
La tasa de mortalidad de los niños menores de 5 años se está reduciendo, pero no a la velocidad necesaria. Para cumplir el Objetivo 4 sería necesario que dicha reducción alcanzara los dos tercios con respecto a las cifras de 1990. Cada año mueren 10 millones de niños (cerca de 30.000 cada día) debido a enfermedades que se pueden prevenir o tratar. La mayoría de esas vidas se podrían salvar ampliando los programas existentes que promueven soluciones sencillas y de bajo costo. África subsahariana, de nuevo, concentra los datos más dolorosos: aproximadamente la mitad de las muertes de niños menores de 5 años del mundo en desarrollo ocurren en esa región. Pero el fenómeno es general: si exceptuamos a China, la tendencia mundial es bastante negativa. Según el último Informe sobre los Objetivos del Desarrollo del Milenio, la mortalidad infantil descendió globalmente en 2006 por primera vez desde que se tienen registros, y se está demostrando la efectividad de determinadas intervenciones para reducir el número de muertes ocasionadas por las enfermedades con mayor tasa de mortalidad infantil, como el sarampión. Las muertes por sarampión en el mundo ─en su mayoría, de niños menores de 5 años─ cayeron un 68%, pasando de 757.000 en el año 2000 a 242.000 en 2006. En el África subsahariana, las muertes por sarampión se redujeron más del 91%. Se está demostrando, pues, que es posible un progreso rápido y a gran escala, siempre que se combinen un liderazgo gubernamental sólido y unas políticas y estrategias que cubran de manera efectiva las necesidades de los más pobres, con un adecuado respaldo financiero y técnico por parte de la comunidad internacional. Pero estas prácticas no se aplican todavía para el conjunto de enfermedades mortales que afectan a los menores de cinco años. En las regiones en desarrollo en su conjunto, la mortalidad de niños pequeños es 13 veces más alta que en el mundo desarrollado. Y a los ritmos actuales, muchas regiones probablemente no consigan alcanzar la meta. Solamente África del norte, Asia suroriental y América Latina y el Caribe parecen estar bien encaminados. Los avances han sido especialmente lentos en África subsahariana, donde los disturbios civiles y la epidemia del VIH/SIDA han elevado las tasas de mortalidad de lactantes y niños.
Proporcionar el conjunto de medidas integradas de cuidados neonatales, inmunización, la gestión integrada de enfermedades infantiles y la gama de enfoques preventivos (tales como la distribución masiva de mosquiteras tratadas con insecticidas) son medidas que podrían mejorar los resultados previstos. La planificación familiar puede retrasar los primeros nacimientos y reducir los intervalos demasiado cortos o demasiado largos entre nacimientos, mejorando de este modo la salud del niño. El fortalecimiento de los sistemas de salud tendrá también una importancia crítica para el logro de este ODM. Como en casi todos los casos, la mejora en los aspectos generales repercute también en este objetivo. El aumento de los ingresos rurales y la disponibilidad de alimentos, la nutrición (especialmente en mujeres embarazadas y madres lactantes), la educación y el retraso en la edad de contraer matrimonio, la igualdad de género, la reducción de la contaminación del agua y el aire, incluso las mejoras en las comunicaciones, se ha demostrado que producen mejoras en los resultados de salud.

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06* Objetivo 5: mejorar la salud materna

Meta 5A: Reducir, entre 1990 y 2015, la mortalidad materna en tres cuartas partes. Meta 5B: Lograr, para el año 2015, el acceso universal a la salud reproductiva.
Cada año mueren más de medio millón de mujeres durante el embarazo, el parto o en las semanas posteriores. El 86% de estas muertes ocurren en África subsahariana y Asia meridional. Si bien se han logrado algunos progresos en la reducción de la mortalidad materna en ciertos países en desarrollo, no ha sido así allí donde es más peligroso dar a luz. La tasa de mortalidad materna dista mucho del objetivo a conseguir debido, en gran parte, a la carencia de personal sanitario especializado para atender los nacimientos.Para alcanzar la meta es necesario que, en 2015, el 90% de los partos sean atendidos. Pero de continuar la tendencia actual, en 2015 los países que ahora están atrasados podrían llegar al 75% de cobertura, mientras que los que están gravemente atrasados no podrán alcanzar ese nivel a menos que se realizaran rápidos progresos en los próximos años. Otra de las metas incorporadas en la revisión, en 2007, del marco de seguimiento de los ODM se inscribe en este quinto objetivo, y se refiere al logro, en 2015, del acceso universal a la salud reproductiva. Para ello, la reducción de los embarazos de adolescentes es fundamental. Los embarazos a una edad temprana aumentan el riesgo de que se produzcan graves consecuencias para la salud de la madre y el niño. Se estima que en los países en desarrollo la mortalidad materna en niñas menores de 18 años es de dos a cinco veces mayor que la de mujeres de entre 18 y 25 años. Las tasas de fecundidad en la adolescencia son más elevadas —a menudo por un amplio margen— entre las personas pobres. Si bien las jóvenes pobres generalmente tienen menos acceso a servicios de salud reproductiva, la decisión de tener hijos a una edad muy temprana también suele reflejar el hecho de que las niñas de ingreso bajo no pueden asistir a la escuela y tienen pocas perspectivas económicas. Las tasas de mortalidad materna siguen siendo inadmisiblemente altas en todas las regiones del mundo, reflejando la escasa prioridad otorgada a las necesidades de la mujer y el inadecuado acceso a servicios de salud obstétrica de emergencia.

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07* Objetivo 6: combatir el VIH / SIDA , e l paludismo y otras enfermedades

Meta 6A: Haber detenido y comenzado a reducir, para el año 2015, la propagación del VIH/SIDA. Meta 6B: Lograr, para el año 2010, el acceso universal al tratamiento del VIH/SIDA de todas las personas que lo necesiten. Meta 6C: Haber detenido y comenzado a reducir, para el año 2015, la incidencia del paludismo y otras enfermedades graves.
La salud, entendida como "un estado completo de bienestar físico, mental y social y no sólo como la ausencia de enfermedad" (definición de la OMS) es un elemento básico para el desarrollo de las potencialidades del ser humano, y contribuye de forma decisiva al desarrollo económico y social de los pueblos. Es difícil que las personas se incorporen de forma plena a la actividad productiva, participen activamente en los procesos de decisión social, mejoren sus capacidades formativas o incrementen sus potencialidades creativas si están permanentemente amenazadas por el riesgo de caer en la enfermedad. Una situación de pobreza y bajo desarrollo condiciona un mal estado de salud de una persona o colectivo. Por otro lado, una situación de mala salud frena las posibilidades de desarrollo de una persona o comunidad. Por ello, uno de los pilares fundamentales de los Objetivos de Desarrollo del Milenio es precisamente la lucha por mejorar la salud de las poblaciones más desfavorecidas. En general, el cumplimiento de los ODM relacionados con la salud deja mucho que desear, especialmente en las regiones más empobrecidas del planeta. El SIDA se ha convertido en la principal causa de muerte prematura en el África subsahariana y en la cuarta causa de muerte a nivel mundial. En los países más afectados, la epidemia del SIDA, además de provocar incalculables sufrimientos, ha supuesto una marcha atrás en los progresos en desarrollo que habían tardado décadas en conseguirse. Casi ningún país se ha librado de esta amenaza. Además, cerca del 60% de las personas de África subsahariana que viven con SIDA son mujeres. La epidemia del SIDA aún no muestra expectativas de remitir, mucho menos de comenzar a reducir su propagación, como se propone la meta. El último informe de ONU-SIDA revela que en todas las regiones del mundo los casos han seguido aumentando según una tendencia estable en los últimos cinco años. Entre las tendencias observadas en los últimos años, debemos destacar que el VIH/SIDA afecta cada vez a más mujeres y niñas. Las desigualdades por razón de sexo, la violencia sexual, el acceso limitado a servicios de salud sexual y reproductiva, algunas normas sociales y culturales, unido a una mayor vulnerabilidad biológica a la infección agudizan la feminización de la enfermedad. El desconocimiento que muestran las mujeres de algunos países sobre las posibilidades de protección que ofrece el preservativo es alarmante, y no puede ser achacada tan sólo a su falta de conocimiento.
Ahora bien, como ocurre también con otros objetivos, vemos que hay países que están combatiendo la epidemia, y venciéndola, lo que significa que es posible. Tailandia y Uganda han demostrado que se pueden reducir las tasas de infección si se cuenta con una visión y un liderazgo adecuados, por lo que son un ejemplo para otros países azotados por el SIDA. Así, parece obvio que una política de prevención adecuada es el camino a seguir de cara a lograr una recesión en la prevalencia del VIH. Ello podría conllevar la desaparición de esta pandemia, pero seguirá el problema con las personas ya contagiadas, donde parece que los indi- cadores son menos positivos por varias razones, como pueden ser:
  • El alto coste de las medicinas, que deja fuera del tratamiento a millones de personas.
  • La estigmatización que impide que se detecte de manera temprana la enfermedad y que, cuando se hace, ya esté en un estadio tan avanzado que impida en muchas ocasiones llevar una vida normal.
Por otro lado, otras enfermedades que no han recibido tanta atención de los medios de información están minando solapadamente la vitalidad y las esperanzas de los habitantes del mundo en desarrollo. Así, por ejemplo:
  • Todos los años el paludismo provoca 1 millón de víctimas mortales, la mayoría de ellas niños. Se estima que esta enfermedad ha contribuido a reducir el crecimiento económico en los países africanos en 1,3 puntos porcentuales al año. No obstante, en los últimos años se puede destacar el esfuerzo realizado en la promoción y distribución de medidas para evitar o reducir el contagio de paludismo. Particularmente importante es el uso de las mosquiteras, cuya distribución se ha duplicado en numerosos países.
  • La tuberculosis, que se consideraba erradicada, ha resurgido, debido en parte a la aparición de cepas resistentes a los medicamentos y a la vulnerabilidad provocada por el VIH y el SIDA. Se estima que en 2006 hubo 1,7 millones de muertes por tuberculosis y que más de 14 millones de personas vivían con la enfermedad, de los que al menos 9 millones eran nuevos casos. Estas cifras suponen un crecimiento en su incidencia, es decir, en el número de casos respecto a años anteriores. Sin embargo, tanto la tasa de prevalencia de la tuberculosis —cantidad de casos por 100.000 personas— como el índice de mortalidad asociado a la enfermedad disminuyen a un ritmo más rápido que su incidencia. Entre 2005 y 2006, el índice de prevalencia global disminuyó en un 2,8%, a 219 casos cada 100.000 personas. La meta global para 2015 es de 147 casos. Por su parte, el índice de mortalidad correspondiente se redujo en un 2,6%, a 25 casos cada 100.000 personas, siendo la meta para 2015 de 14 casos. No obstante, si las tendencias de los últimos años continúan, ni África subsahariana ni los países de la Comunidad de Estados Independientes alcanzarán las metas.

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08* Objetivo 7: garantizar la sostenibilidad del medio ambiente

Meta 7A: Integrar los principios de desarrollo sostenible en las políticas y programas nacionales, y revertir la pérdida de recursos medioambientales. Meta 7B: Reducir a la mitad, para el año 2015, la proporción de personas sin acceso sostenible a agua potable. Meta 7C: Reducir a la mitad, para el año 2015, el porcentaje de personas sin acceso sostenible al agua potable y a servicios básicos de saneamiento. Meta 7D: Haber mejorado considerablemente, para el año 2020, la vida de por lo menos 100 millones de habitantes de tugurios.
De acuerdo al Informe 2008 sobre los ODM de Naciones Unidas, si bien las emisiones per cápita de CO 2 en los países desarrollados en su conjunto continúan siendo las más elevadas (12 toneladas métricas por persona y año, comparadas con unas 3 toneladas métricas en las regiones en desarrollo y 0,8 en África subsahariana), en 2005 los países en desarrollo adelantaron a los países ricos en emisión total de dióxido de carbono, debido al espectacular aumento de emisiones en China. El dióxido de carbono (CO 2 ) liberado por el uso de combustibles fósiles representa más de la mitad de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero responsables del Cambio Climático. El Informe manifiesta que "es necesario adoptar medidas inmediatas para contener la creciente emisión de gases de efecto invernadero". Entre las zonas especialmente vulnerables al Cambio Climático, se mencionan los grandes deltas asiáticos y el continente africano en su conjunto. Ante la pérdida de biodiversidad global, la comunidad internacional ha aumentado las áreas protegidas, tanto terrestres como marítimas. Sin embargo, la deforestación en el mundo sigue avanzando, aunque se observa una cierta desaceleración, y continúan desapareciendo especies. En cuanto a la proporción de personas con acceso a servicios de saneamiento mejorado, en la mayoría de las regiones en desarrollo se está aún muy lejos de alcanzar la meta fijada para 2015. Unos 2.500 millones de personas, casi una cuarta parte de la población mundial, viven todavía sin ningún tipo de servicios de saneamiento. De ellos, más de 1.000 millones se encuentran en Asia y 500 millones en el África subsahariana. En 2006, había 54 países, la mayoría en África subsahariana, donde menos de la mitad de la población utilizaba instalaciones sanitarias. Por otro lado, cerca de 1.000 millones de personas carecen hoy en día de acceso al agua potable. Los avances observados en Asia oriental y occidental permiten prever que se cumpla la meta fijada para 2015. Sin embargo, una vez más, África subsahariana necesitará un fuerte impulso para llegar a cumplir la meta, ya que en la actualidad más de un tercio de su población, fundamentalmente la rural, no posee abastecimiento de agua potable.

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09* Objetivo 8: fomentar una asociación mundial para el desarrollo

Meta 8A: Desarrollar aún más un sistema comercial y financiero abierto, basado en normas, previsible y no discriminatorio. Meta 8B: Atender las necesidades especiales de los países menos adelantados. Meta 8C: Atender las necesidades especiales de los países en desarrollo sin litoral y de los pequeños Estados insulares en desarrollo. Meta 8D: Abordar en todas sus dimensiones los problemas de la deuda de los países en desarrollo con medidas nacionales e internacionales, a fin de hacer la deuda sostenible a largo plazo. Meta 8E: En cooperación con las empresas farmacéuticas, proporcionar acceso a medicamentos esenciales en los países en desarrollo a precios asequibles. Meta 8F: En colaboración con el sector privado, dar acceso a los beneficios de las nuevas tecnologías, en particular los de las tecnologías de la información y de las comunicaciones.
La alianza mundial para el desarrollo promovida por el ODM 8 está muy lejos de poder garantizar el cumplimiento de los compromisos acordados. La corresponsabilidad que los países ricos y el sector privado deben asumir para lograr los ODM presenta, a día de hoy, muy pocos avances y enormes desafíos. Para ellos, el núcleo de la agenda internacional sigue estando ocupado por los intereses particulares, como bien lo muestra la relación entre el gasto destinado a subsidios agrícolas (372.000 millones de dólares) y el gasto destinado a ayuda al desarrollo (103.650 millones de dólares). Los países ricos gastan tres veces más en proteger su mercado agrícola que en financiar el cumplimiento de los ODM. Esta relación es fundamental por cuanto muestra a las claras la vigencia de políticas incoherentes con los principios del desarrollo. La pretendida asociación mundial para el desarrollo muestra sus límites en la falta de voluntad de los países ricos para aumentar la financiación para el desarrollo, al tiempo que consolida las políticas comerciales y financieras que estrangulan las posibilidades de los países del Sur. A esta tendencia de incoherencia persistente se le suma un contexto internacional poco favorable para el cumplimiento de los compromisos. La crisis financiera y la desaceleración económica mundial, el alza de los precios alimentarios y las trágicas consecuencias del Cambio Climático constituyen un panorama poco halagüeño para que los países ricos se decidan a revertir las tendencias y sitúen en el centro de la agenda internacional las políticas comprometidas con los ODM. En este apartado nos detenemos a analizar cuáles son las tendencias y desafíos en las tres cuestiones fundamentales que contiene este ODM octavo: la ayuda oficial al desarrollo (AOD), la cancelación de la deuda externa y la relación entre comercio y desarrollo, siempre con la mirada puesta en la necesaria coherencia que los tres aspectos deberían tener si se orientan realmente a la consecución de los ODM. Asimismo, se ofrece una perspectiva general de la situación actual en el acceso a la tecnología. Ayuda oficial al desarrollo. La ayuda oficial al desarrollo desembolsada por los países miembros del CAD (Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE) en 2007 sufrió una ligera disminución, por segundo año consecutivo, al pasar de 104.400 millones de dólares en 2006 a 103.650 millones. Esta evolución negativa se debe a que han descendido las cantidades destinadas al alivio de la deuda desde 2005, año en el que la AOD se vio incrementada excepcionalmente por las condonaciones de deuda a Iraq y Nigeria. En relación al Ingreso Nacional Bruto de los países desarrollados, la AOD ha pasado de representar el 0,33% en 2005 al 0,28% en 2007. No sólo no nos acercamos al objetivo del 0,7%, sino que retrocedemos (véase gráfico 6).
Si los países ricos tuvieran intención de cumplir el compromiso asumido de llegar al 0,35% del INB en el año 2010 (tan sólo la mitad del objetivo del 0,7%), deberían incrementar su ayuda cada año un 14% en términos reales, muy lejos del incremento medio anual observado en el periodo 2000-2007 (véase gráfico 7). La actual situación de crisis económica y financiera de los países industrializados hace pensar que ni tan siquiera se va a seguir manteniendo este compromiso.
Pero siendo esto grave, más preocupantes aún resultan las cifras de la ayuda "real", es decir, la ayuda que supone un verdadero flujo de nuevos fondos hacia los países pobres destinados realmente a apoyar su desarrollo. Así, de las cifras oficiales (calificadas como "ayuda inflada" por algunas ONG) habría que descontar los montos aplicados a la cancelación de deuda (que incluye deuda por créditos a la exportación), a la asistencia a inmigrantes en los propios países donantes, a las becas a estudiantes de países en desarrollo para realizar cursos en el país donante y a las asistencias técnicas, entre otros conceptos que no suponen recursos adicionales. La AOD resultante al descontar la anulación de deuda, según los propios datos desagregados que proporciona el CAD, supuso el 0,25% del Ingreso Nacional de los países desarrollados en 2007, el mismo porcentaje que en 2006. En la misma línea se sitúa el compromiso de destinar mayor cantidad de ayuda al conjunto de Países Menos Adelantados (PMA), compromiso consistente en asignar entre el 0,15% y el 0,20% de los ingresos nacionales a dichos países. En la reunión del G-8 de Gleneagles, en 2005, se adquirió la responsabilidad de duplicar la ayuda oficial para África en 2010. Cuando falta poco más de un año, y a pesar de un ligero aumento en estas partidas, es muy poco probable que los países ricos cumplan con este compromiso, imprescindible para que los países más empobrecidos tengan alguna oportunidad de cumplir los ODM. Eficacia de la ayuda. La Declaración de París sobre Eficacia de la Ayuda al Desarrollo, suscrita en 2005 por más de 100 países y organismos internacionales, representa el mayor esfuerzo realizado hasta ahora para mejorar la calidad de la ayuda, basado en el reconocimiento de cinco principios fundamentales: la apropiación de las políticas y estrategias de desarrollo por parte de los propios países en desarrollo, el alineamiento de los países donantes con las estrategias de desarrollo de los países receptores, la armonización de las acciones de los donantes, la gestión de la ayuda orientada a resultados y la mutua rendición de cuentas. El avance en la consecución de las metas fijadas en París para 2010 es lento. A primeros de septiembre de 2008 ha tenido lugar en Accra el III Foro de Alto Nivel sobre la Eficacia de la Ayuda, con el fin de evaluar los avances conseguidos hasta ahora y establecer un Plan de Acción que permita lograr en 2010 los objetivos fijados en París hace tres años. Los resultados de esta cumbre no son esperanzadores: se ha constatado que queda un largo camino para alcanzar los compromisos asumidos, pero a pesar de ello, no se han tomado las medidas necesarias para acelerar el proceso de reforma del sistema de la ayuda, especialmente en lo que se refiere a las condicionalidades políticas, la ayuda ligada, la previsibilidad de la ayuda y la transparencia. Lograr mejorar la calidad de la ayuda es tan importante como aumentar los fondos destinados a la cooperación al desarrollo. Y en ambos aspectos los esfuerzos que están realizando los países ricos resultan insuficientes para que la humanidad logre alcanzar en el año 2015 los modestos Objetivos de Desarrollo del Milenio. Acceso a los mercados. Por si había alguna duda sobre la importancia que el comercio internacional tiene para el desarrollo sostenible en general, y para el cumplimiento de los ODM en particular, los últimos acontecimientos relativos a la subida de precios de los alimentos básicos han vuelto a poner de manifiesto que el futuro de millones de personas está actualmente en nuestra capacidad para regular y orientar los mercados hacia las necesidades humanas. Hasta la década de los 90 las cuestiones relativas al comercio han estado ubicadas en distinto plano que las correspondientes al desarrollo. Sin embargo, cada vez se es más consciente de que "las iniciativas a largo plazo para reducir el hambre y la pobreza a la mitad fracasarán de no producirse una reestructuración fundamental del sistema de comercio mundial, especialmente en el sector agrícola, en el que las subvenciones de los países ricos se supriman, los aranceles se rebajen y se establezcan unas condiciones iguales para todos" (PNUD, 2003). Por esta razón, la meta 8A del octavo Objetivo del Milenio propone "Desarrollar aún más un sistema comercial y financiero abierto, basado en normas, predecible y no discriminatorio". Las cuestiones relacionadas con el comercio y los mercados financieros son incluso más importantes que las relacionadas con la deuda y la ayuda oficial al desarrollo, pues el volumen monetario que representan es muy superior. De hecho, las tasas de crecimiento de las exportaciones e importaciones y de los flujos financieros vienen siendo considerablemente superiores a las correspondientes al Producto Interior Bruto (PIB) desde mediados del pasado siglo, y las economías de muchos países, especialmente las de aquellos menos desarrollados, gravitan en torno a estos flujos. Así, y según datos del Banco Mundial, la tasa media de crecimiento anual de las exportaciones en la segunda mitad del siglo XX superó el 5 por ciento, de forma que el grado de apertura exterior (medido como el cociente entre la suma de exportaciones e importaciones y el PIB) a escala mundial alcanza el 50 por ciento en la actualidad. A pesar de que el objetivo de la OMC es la libre circulación de bienes y servicios, en la actualidad persisten fuertes limitaciones al mismo. Si bien es cierto que se ha producido una fuerte caída en los aranceles medios de los productos industriales, los países desarrollados siguen estableciendo fuertes barreras proteccionistas en productos agrícolas, textiles y de confección, que son precisamente aquellos que constituyen la base productiva de los países en desarrollo. No sólo se establecen restricciones a la entrada de este tipo de productos, sino que son subvencionados para su exportación, de forma que sean competitivos a escala internacional, produciéndose en muchos casos ventas a precios inferiores a los costes, lo que se conoce como dumping internacional. Si bien los países en desarrollo están representados en la OMC, su poder de negociación es limitado. La OMC actúa únicamente como foro de negociación y las decisiones han de ser tomadas por consenso. Así, la adopción de una determinada medida depende de la capacidad de negociación que tenga cada país. La caída de los precios de muchos de los productos en que están especializados los países en desarrollo ha provocado una reducción de su participación en el comercio mundial. Al tiempo, las nuevas tecnologías y el empleo de material más sofisticado hacen que la dependencia del mundo desarrollado respecto a estos productos sea cada vez menor. Por último, la mayor parte de estos países están escasamente organizados y sus actuaciones individuales apenas resultan visibles para la comunidad internacional. En definitiva, su poder de negociación resulta muy limitado.
El acceso de los países al comercio mundial tiene, pues, un carácter primordial. Se hace necesaria la redefinición de las reglas de decisión de la OMC, de forma que tengan un carácter más democrático desde el punto de vista operativo, y que la dote de poder coercitivo. Sería necesario que los productos de los países en desarrollo fuesen admitidos libres de derechos y cupos en los mercados de los países más desarrollados, y que se redujeran los aranceles aplicados por los países desarrollados. En este sentido, la proporción de importaciones de los países desarrollados procedentes de los países en desarrollo (una vez excluidas las armas y el petróleo) admitidas libres de derechos y cupos no ha mejorado en la última década, y las procedentes de los Países Menos Adelantados alcanzan únicamente el 79%, a pesar de los compromisos asumidos para que alcanzaran el 97% de sus exportaciones. En el cuadro 1 aparecen, asimismo, los aranceles medios aplicados por los países desarrollados a los productos agrícolas y textiles y el vestido procedentes de países en desarrollo (indicador 39). Como se observa, los descensos son desiguales, continuando en algunos casos en niveles aún elevados. En resumen se puede afirmar que el programa "liberalizador" propugnado por la OMC sigue sin cumplirse, puesto que se aplican diferentes políticas según sean los países destinatarios de las mismas: se obliga a liberalizar mercados en el Sur mientras que los países del Norte persisten en mantener sus privilegios mediante numerosas políticas proteccionistas, tanto si son aranceles como subsidios. Pero hay que decir más. Las declaraciones que tratan de ligar la finalización de la Ronda de Doha a las posibilidades de desarrollo de los países empobrecidos no están teniendo en cuenta que una presunta liberalización total de los mercados no resolverá las actuales brechas entre mercados del Norte y del Sur.
Las medidas liberalizadoras no bastan para garantizar el acceso de los productos de los países menos desarrollados al mercado mundial, por cuanto las asimetrías existentes en un hipotético punto de partida tan sólo serían garantía de mayor desigualdad entre países. Tal y como se ha puesto de manifiesto en numerosas reivindicaciones y declaraciones de organizaciones sociales de los cinco continentes ante la crisis de los precios de los alimentos, será necesario apoyar la agricultura tradicional de los países en desarrollo y destinar parte de la ayuda oficial al desarrollo a la creación de capacidad comercial para lograr este objetivo. No es fácil aventurar cómo van a ser compatibles estas grandes inversiones en los sistemas productivos, industriales y comerciales de los países empobrecidos con el discurso liberalizador y con las imposiciones de los sistemas financieros internacionales. Por último, es preciso mencionar también la ausencia de metas y propuestas para atajar el factor más desesta-bilizador de la economía internacional que perjudica de forma evidente el cumplimiento de los compromisos y con ello las posibilidades de los países empobrecidos. Nos referimos a los mercados financieros, que son evidentes responsables de las crisis hipotecarias, y que también tienen su corresponsabilidad en la crisis de los alimentos, en particular, y de la actual crisis económica, en general . Son grandes fondos de capital los que han "salido" de las comodities agrícolas y ahora escapan de todos los sectores intensivos en consumo de petróleo. Estas cuentas de capital siguen proporcionando beneficios millonarios sin producir bienes, servicios ni empleo decente. Y lo siguen haciendo gracias a que no existen mecanismos de regulación fiscal, ni de transparencia internacional, que detengan el creciente flujo especulativo de la economía mundial. La actual crisis supone una oportunidad, que no debemos dejar escapar, para corregir estas y otras deficiencias y cambiar las reglas del sistema económico mundial en favor de la gran mayoría de personas. Sostenibilidad de la deuda. Tanto el FMI como NN.UU. han afirmado en los últimos tiempos el éxito relativo de las políticas de reducción de la deuda externa, especialmente en el marco de la Iniciativa para el Alivio de la Deuda Multilateral (IADM), según la cual para el conjunto de los países en desarrollo el servicio de su deuda externa se ha reducido del 13% de los ingresos por exportaciones hasta el 7% en el periodo 2000-2006. Lo cierto es que, pese al alivio de la deuda de los países pobres muy endeudados, a la Iniciativa para el Alivio de la Deuda Multilateral y al correspondiente aumento del gasto social, "un gran número de países en desarrollo siguen gastando más en el servicio de la deuda que en educación o salud públicas. En 2006, 10 países en desarrollo gastaron más en el servicio de su deuda que en educación pública; asimismo, el servicio de la deuda fue superior al presupuesto de salud pública en 52 de esos países." (NN.UU.). Además, al tiempo que se han reducido algunas deudas externas, en numerosos países los indicadores de vulnerabilidad de sus deudas han aumentado, puesto que tienen serios problemas para financiar sus políticas de desarrollo. De esta forma, se considera que 21 países pobres muy endeudados corren un riesgo entre moderado y alto de volver a tener problemas con su deuda. Asimismo, se estima que 10 países pobres muy endeudados tienen ya dificultades con su deuda. Esta situación nos indica una vez más la necesidad de revisar críticamente los objetivos explícitos de las iniciativas multilaterales de reducción de deuda, por cuanto se proponen reducirla hasta niveles "sostenibles", entendiendo por tal una relación muy elevada entre el servicio de la deuda y las exportaciones de cada país. Tal y como dice NN.UU., "Incluso una deuda de bajo nivel puede resultar insostenible si su servicio desplaza el gasto público destinado a los Objetivos de Desarrollo del Milenio". Lo cierto es que aproximadamente una cincuentena de países no podrán destinar fondos a sus programas de desarrollo en tanto no logren una cancelación inmediata de sus deudas externas, sin contrapartidas ni condicionalidades económicas, y sin que el importe de estas cancelaciones compute como AOD y, por tanto, suponga un descenso real de la misma. Acceso a la tecnología. La evolución reciente del número de líneas de teléfono fijo y abonados a teléfonos móviles es bastante optimista. La situación de partida, claramente favorable a los países desarrollados, que contaban en 1990 con 45,4 líneas por 100 habitantes (por sólo 2,3 los países en vías de desarrollo) ha variado sustancialmente según los datos de 2005, año en el que se invirtió la tendencia y se redujeron las diferencias entre los dos grupos de países. En 2005, los países desarrollados tenían 137,5 líneas y los países en vías de desarrollo 38,8, lo que quiere decir que en los últimos tres años ha habido un aumento de 16,7 líneas por cada 100 habitantes en los países desarrollados y de 18,1 en los países en vías de desarrollo. Obviamente, existe un efecto de saturación de teléfonos en los países desarrollados, pero cabe destacar que en sólo tres años el incremento de líneas en el conjunto de países en vías de desarrollo ha sido similar al registrado en los doce años anteriores.
Las áreas más rezagadas son Oceanía, Asia subcentral y África subsahariana. Sin embargo, en las dos últimas se aprecia un gran dinamismo en los últimos años, y especialmente en 2005, incrementándose considerablemente el número de líneas. En términos relativos, en el periodo 2002-2005, el número de líneas de teléfono por cada 100 habitantes se ha multiplicado por 2,6 en África subsahariana y por 2,3 en Asia subcentral. A pesar de ello es preciso destacar que el conjunto de países en desarrollo todavía no alcanza en 2005 el número de líneas por cada 100 habitantes que tenían los países desarrollados en 1990. En cuanto a la evolución del número de usuarios de Internet por cada 100 habitantes en las distintas áreas, de nuevo los datos aportan una visión optimista. Mientras en el periodo 1990-2002 el número de usuarios de Internet por cada 100 habitantes creció en 42,6 puntos en los países desarrollados y en 4,3 en los países en vías de desarrollo, en los tres años siguientes ha crecido en 10,1 usuarios en los países desarrollados y en 4,3 en los países en vías de desarrollo. Es decir, en estos países los usuarios de Internet han crecido tanto en los últimos tres años como en los doce anteriores. Se observa un proceso de convergencia y, de hecho, en el año 2005 el número de usuarios de Internet por cada 100 habitantes ha crecido en la misma cuantía en el conjunto de los países desarrollados y en el conjunto de aquellos en vías de desarrollo, aumentando considerablemente más, incluso, en algunas áreas en vías de desarrollo, como América Latina, la Confederación de Estados Independientes, o los países europeos en transición, así como en otras áreas, como el Sudeste Asiático o Asia subcentral, donde se observan crecimientos superiores a la media.
Las áreas más rezagadas en el uso de Internet son, de nuevo, África subsahariana, Asia subcentral y Oceanía. Sin embargo, las tres zonas han mostrado crecimientos considerables en los últimos tres años. En el África subsahariana el número de usuarios de Internet por cada 100 habitantes se ha multiplicado por 2,8 en este periodo, en Asia subcentral se ha multiplicado por 3,4 y en Oceanía por 1,44.

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10* Referencias

  • Alianza Española contra la Pobreza: Objetivos de Desarrollo del Milenio. Algunos avances... y todavía muchas cuentas pendientes.
  • Banco Mundial. Atlas en línea sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
  • FAO (2007): El estado mundial de la agricultura y la alimentación.
  • FMI (2008): La Iniciativa para el Alivio de la Deuda Multilateral (IADM).
  • Naciones Unidas (2007): Objetivos de Desarrollo del Milenio. Informe 2007.
  • Naciones Unidas (2008): Objetivos de Desarrollo del Milenio. Informe 2008.
  • Naciones Unidas (2008): Objetivo de Desarrollo del Milenio 8. Resultados de la alianza mundial para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Informe del Grupo de Tareas sobre el desfase en el logro de los objetivos de desarrollo del Milenio de 2008.
  • Plataforma 2015 y Más: http://www.2015ymas.org/.
  • PNUD (varios años): Informe sobre el desarrollo humano.
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